Imbert Barrera Narra Horas Finales Del Tirano

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Tocayo, ahí va”, gritó Antonio de la Maza en medio de la oscuridad de la noche. Antonio Imbert Barrera apresuró la marcha y vio la figura del tirano, tambaleante, delante de las luces del automóvil que el chofer Zacarías de la Cruz dejó encendidas, antes de internarse en los matorrales frente al Malecón.

“Venía de frente a mí, con pasos arrastrados, quejándose como un moribundo”, narró a LISTÍN DIARIO Imbert Barrera, héroe nacional, general vitalicio y ahora el único sobreviviente de la Gesta del 30 de Mayo de 1961, cuyo 47 aniversario conmemora hoy la nación dominicana.

 

De la Maza le advirtió de nuevo: “Tocayo, ahí va, que no se escape”. Imbert lo vio más cerca, vestido de blanco, con sus charreteras de generalísimo ensangrentadas y entonces le disparó varias veces, con su pistola 45, que aún conserva en uno de los armarios de su casa. “Estaba muy herido, creo que se moría de todas maneras, pero yo le disparé para asegurarme y cayó boca arriba, muerto, como un toro viejo en medio de la autopista”, dice.

El héroe del 30 de Mayo, entonces administrador de la empresa hormigonera Mezcla Lista, atestigua que fue el último que disparó contra el tirano y que ya el chofer Zacarías de la Cruz no estaba cerca de su jefe porque había huido herido entre los matorrales hasta la avenida Independencia, donde fue auxiliado y llevado al hospital militar que estaba entonces en la Correa y Cidrón.

“Zacarías peleó como un hombre, nos enfrentamos en una balacera por varios minutos, descargó dos ametralladoras que tenía en el carro, fue el único que nos disparó”, apuntó Imbert Barrera, agregando que Trujillo no llegó a disparar un revólver calibre 38 que portaba, porque “yo mismo lo recogí con su estuche de balas del asiento trasero del vehículo”.

En el primer tiroteo, según el relato del general Imbert, participaron, además de él, Antonio de la Maza, Salvador Estrella Sahdalá y el teniente Amado García Guerrero, miembro del Cuerpo de Ayudantes Militares del tirano y el único militar que participó en la conjura. Fue éste quien avisó que Trujillo iría esa noche a San Cristóbal. ¿Cuándo tuvo la idea de ajusticiar al tirano? Imbert responde:

“El deseo de matar a Trujillo se acrecentó en mí una mañana que me encontraba en la casa de Estrella Sahdalá, que vivíamos cerca en la calle Caonabo, de Gazcue. Urania de Sahdalá, su esposa, nos mostró un periódico que publicaba la muerte de las hermanas Mirabal, y entonces dije en voz alta: ‘Hay que matar a Trujillo’”. Imbert afirma que el crimen de las Mirabal lo llenó de indignación, aunque antes él también había sido encarcelado y sufrido el asesinato de su hermano Segundo Imbert en la cárcel La Victoria.

“Salvador me dijo que había otras personas que tramaban matar a Trujillo, y días después me presentó al tocayo De la Maza, y allí también conocí a García Guerrero. Había otros, pero los que participamos en la balacera que terminó con la vida de Trujillo fuimos nosotros cuatro: El tocayo Antonio, Salvador, Amadito y yo”, dice.

AL A JUVENTUD
El ex secretario de las Fuerzas Armadas se definió como un hombre que no habla mentiras, y ratificó que el grupo que lo acompañó en el complot no tuvo nada que ver con “los gringos”.

“Tengan la seguridad de que yo soy un hombre que no hablo mentiras, nosotros, el grupo de nosotros, Antonio de la Maza, Salvador Estrella, Amado García Guerrero y yo, no teníamos nada, nada que ver con los gringos”, agregó. Dijo que una muestra de lo que afirma es que cuando llegó con el cadáver de Trujillo a la casa de Juan Tomás Díaz, allí no había nadie.

Imbert agrega que con su participación en la eliminación del tirano contribuyó a que el país viva hoy en democracia, pese a que algunas veces la democracia se pasa, y citó “la matadera” de personas que ocurre en los actuales momentos.

Imbert Barrera expresó que las luchas de tantos jóvenes que llegaban al país en las embarcaciones había que tomarlas en cuenta y ese fue uno de los elementos que lo motivó a participar en la gesta. “Creo que nosotros cumplimos con un deber patriótico al eliminar a esa bestia humana.

No tengo ningún temor porque el que no la debe no la teme, la participación mía fue muy, muy clara”, indicó.

(Extraido del Listin Diario)

Hace 47 años fue ajusticiado el asesino y ladrón Rafael Trujillo

SANTO DOMINGO, DN.-Un día como hoy, 30 de mayo de 1961, hace 47 años, fue ajusticiado por un grupo de valientes patriotas el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, que había saqueado, pisoteado y mantenido en el peor de los atrasos al pueblo dominicano durante más de 31 años.

Trujillo Molina, originalmente ladrón de vacas, igual que su padre y varios hermanos, desde muy joven traicíonó a su país poniéndose al servicio del ejército invasor de los Estados Unidos, que invadió y ocupó la República Dominicana desde 1916 hasta 1924.

A continuación un relato del ajusticiamiento del tirano Trujillo, tomado del portal www.museodelaresistencia.org :

30 de mayo de 1961: Ajusticiamiento del Tirano

Había diferentes grupos complotando para asesinar al tirano, dos de estos grupos eran: el de Moca liderado por Antonio de la Maza y el de Santo Domingo liderado por Juan Tomás y Modesto Díaz.

El complot fue planificado en dos partes: primero la eliminación física de Trujillo y después el Golpe de Estado para sacar a los Trujillo del poder y llamar a elecciones.

La primera parte fue un éxito:

El 30 de mayo el Teniente Amado García Guerrero avisa que Trujillo va a San Cristóbal a visitar una amante, sería el tercer intento del mes.

Una parte de los conjurados se reúnen en casa de los Díaz y de allí van a la casa de Salvador Estrella en la calle Mahatma Ghandi No. 203, desde allí parten, son tres automóviles: el Mercury de Salvador Estrella con Roberto Pastoriza al volante, quien se colocaría como la última línea en la avenida; el Oldsmovil negro de Antonio de la Maza, con Huáscar Tejeda al volante acompañado por Pedro Livio Cedeño, estos se colocarían unos metros antes que Pastoriza; por último el Chevrolet de Antonio de la Maza, preparado especialmente, con Antonio Imbert al volante y Antonio de la Maza al lado, detrás Amado García Guerrero y Salvador Estrella, estos se colocarían frente al Teatro Agua y Luz, para iniciar la persecución.

La espera fue larga, pero la inquietud fue disipada por las dos visitas valientes y oportunas de Miguel Ángel Báez, quien les informó que no se desesperaran que Trujillo venía. Alrededor de las nueve y media de la noche el tirano fue perseguido, interceptado y ajusticiado.

La segunda parte del plan fue frustrada:

El General José René (Pupo) Román, al momento jefe de las Fuerzas Armadas estaba a cargo de movilizar los militares para la ejecución del Golpe de Estado, inmediatamente Juan Tomás Díaz y Luis Amiama Tió le enseñasen el cuerpo sin vida de Trujillo, pero a pesar de estar enterado del hecho, desapareció junto al General Arturo Espaillat.

Arturo Espaillat (navajita) conocido personero del régimen estaba en el restaurante Pony ubicado en la avenida al momento del tiroteo, acudió al lugar, verificó los hechos y se trasladó a la casa del General Román a dar la voz de alerta y éste partió con él.

Las diligencias de los héroes por localizar al General Román fueron en vano y las consecuencias fueron inevitables. A pesar de que el General Román, casado con una sobrina de Trujillo, continúo en su cargo y rindió homenaje al tirano durante los funerales, su complicidad en la trama fue descubierta, fue apresado, torturado sin compasión y desaparecido.

El destino de los héroes estaba sellado, Pedro Livio Cedeño estaba herido y fue llevado a la Clínica Internacional, el carro de Salvador Estrella quedó abandonado en la avenida, así como una pistola de Antonio de la Maza, el cadáver de Trujillo estaba en el carro de Antonio de la Maza en la marquesina de Juan Tomas Díaz.

A las pocas horas los héroes ya estaban identificados, fueron perseguidos y finalmente asesinados por el aparato militar trujillista, de los conjurados sobrevivieron Luís Amiama Tió, Eduardo Antonio García Vásquez y Antonio Imbert Barreras.

Al fracasar la segunda parte y no poder establecer un nuevo orden político, Juan Tomás se refugia junto a Antonio de la Maza en la casa del Dr. Robert Read Cabral desde allí salen y enfrentan a las huestes trujillistas y cae junto a Antonio en un combate desigual con las fuerzas del SIM el 4 de junio en la Av. Bolívar frente a la Ferretería Read. Sus cadáveres fueron exhibidos y luego desaparecidos.

El teniente Amado García Guerrero fue herido en un pie, se refugió en casa de su tía y murió heroicamente en combate con las fuerzas del SIM, el 2 de junio. La casa donde se alojada fue destruida por los proyectiles, el cuerpo de Amadito fue exhibido y luego desaparecido.

Miguel Ángel Báez Díaz y los hermanos de la Maza (Ernesto, Bolívar, Mario y Pablo) fueron asesinados en las cárceles de torturas de la 40 y el 9, sus cadáveres fueron desaparecidos.

Antonio Imbert Barreras y Luis Amiama Tió sobrevivieron escondidos hasta la salida de los Trujillo del país.

El ajusticiamiento del tirano provocó una aguda crisis política y agravó la crisis económica. A pesar de la inestabilidad, la familia Trujillo intentó permanecer en el poder tratando que Ramfis Trujillo dirigiese el gobierno usando como instrumento a Balaguer. Esto no fue posible porque a Balaguer se le consideraba como un continuador de la tiranía trujillista.

El 18 de noviembre de 1961, a seis meses del ajusticiamiento, Ramfis y sus secuaces ejecutan el plan para asesinar a los héroes del 30 de mayo, antes de su salida inminente del país.

Modesto Díaz Quezada, Pedro Livio Cedeño, Huáscar Tejeda Pimentel, Roberto Pastoriza Neret, Salvador Estrella Sadhalá y Luis Manuel Cáceres Michel fueron trasladados al Palacio de Justicia, con la excusa de que debían ir con el fiscal al lugar del ajusticiamiento para aclarar algunos detalles.

Al llegar al Palacio de Justicia, tal como le habían explicado fueron llevados a la avenida y regresados al Palacio. Desde allí serían regresados a La Victoria, algunas de las viudas allí presentes, observaron como el autobús que los transportaban giro en dirección al Sur y se preguntaron preocupadas a donde los llevarían.

Se dirigían a la Hacienda María donde fueron asesinados uno por uno, colocados como blancos de práctica de tiro, desde una plataforma de cemento sobre la piscina. Se presume que sus cuerpos fueron lanzados al mar.

Ni los asesinos materiales de los héroes del 30 de mayo, ni sus colaboradores han recibido ningún tipo de condena, ni social, ni moral, ni económica, ni judicial.

El 19 de noviembre Ramfis y sus secuaces, saquearon los bancos y huyeron del país con una fortuna incalculable.

Después de la salida de los Trujillo, el presidente Balaguer enfrentó una huelga en diciembre, en enero se vio obligado ha asilarse en la Nunciatura Apostólica, salió del país en marzo de 1962.

 

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